La ventana daba directamente hacia Saint Lorentz street, un viejo callejón que aunque no tenía salida era muy transitado por vagabundos, chusmas y mercaderes de chucherías. “¡Alcachofas!”, gritó uno de estos viejos, y el alarido se espetó en sus oídos.
Para esa hora, Southern Town ya había despertado por completo.
Esta entrada fue publicada el 13 febrero 2009 a las 12:32 pm y está archivada bajo las categorías Textos propios. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0.
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