K. caminó varias cuadras. Había salido rumbo al almacén, pero se distrajo en el camino, fiel a su costumbre de divagar cuando la mente se lo pide. De repente, un chistido lo hizo voltear. Charly, su vecino, había pasado junto a él.
- Date vuelta cuando te hablan, imbécil-, dijo riendo el muchacho.
La charla dio vueltas sobre lo consuetudinario, y en uno de esos ítems K. preguntó por Pam.
- Creo que sabe que la estoy engañando-, murmuró Charly.
- ¿Acaso no creés en la fidelidad?-, contestó K.
- Obvio que sí -respondió el otro-… pero en la de ella, claro.
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